Un servicio de Centro de Terapia del Comportamiento
Con más de 45 años

Atención Online de Psicología y Psiquiatría para todo Chile

Terapia Online:
Un servicio del Centro de Terapia del Comportamiento.

Más de 45 años acompañando y cuidando
la salud mental de nuestra comunidad.

Terapia Online: ¿Por qué somos tu mejor opción?

Especialistas de salud mental acreditados y con experiencia
Tus datos totalmente protegidos
Atención todos los días incluidos sábados y domingos
Más de 45 años de trayectoria apoyando la salud mental
Diferentes medios de pagos seguros
Bono de Fonasa, Isapres y convenios preferenciales
Sello de Calidad CENS Telemedicina

Reserva tu Hora Aquí

Sello de Calidad CENS Telemedicina

Encuentra al Especialista que Necesitas para tu Bienestar

Somos un equipo de profesionales de salud mental, emocional y conductual que, a través de Terapia Online, realizamos tratamientos y terapias por telemedicina, con un staff de más de 250 profesionales especializados.

Terapia Online

Atención a todas las Edades

+250 Profesionales

Atención en todo Chile y el extranjero

Confianza y seguridad
en cada atención

Recomendados por
quienes nos eligen

Lo que dicen nuestros Pacientes

En Terapia Online buscamos apoyar y ayudar a distancia las necesidades de cuidado y bienestar de las personas, acercando las posibilidades de salud a todos con nuestro sistema de tratamiento online.

★★★★★

He tenido la suerte de encontrar a Gina Pareglio, Fonoaudióloga, con quien he trabajado para poder mejorar mi capacidad para comunicarme, especialmente en mi labor de docente. Las sesiones son dinámicas y abordan de forma integral los diferentes aspectos del habla. Gina desarrolla material que se adapta a las necesidades de cada persona, y aporta pautas de ejercicios para trabajar continuamente y lograr mejoras significativas. A través de la plataforma de Terapia Online he podido acceder a esta excelente profesional a pesar de vivir lejos de Santiago. 100% recomendada.

Leer más
Francisco Miranda Francisco Miranda Hace 3 semanas
★★★★★

La psicóloga Mabel Feliú es una persona muy amable, cercana y comprensiva. Tiene una forma de conversar que hace sentir comodidad y confianza. Se nota que le apasiona su trabajo y que se preocupa genuinamente por sus pacientes. Siempre muestra respeto, paciencia y disposición para ayudar. Además, es una persona cálida y acogedora, lo que hace que sea fácil comunicarse con ella.

Leer más
Tamara Bustos Tamara Bustos Hace 1 mes
★★★★★

La psicóloga Gabriela González me acompaña desde 2018 y ha sido fundamental en mi proceso personal. Gracias a su apoyo he aprendido a enfrentar momentos muy difíciles, comprender mejor mis emociones y convivir de una manera más sana conmigo mismo. Lo que más destaco de ella es la confianza que transmite. Nunca me he sentido incómodo en terapia, al contrario, desde la primera sesión hubo una cercanía muy humana, de esas que escasean. Tiene una manera de trabajar empática, cálida y genuina, que permite hablar incluso de aquello que normalmente uno escondería. También valoro profundamente su preocupación constante, no solo durante las sesiones, sino incluso fuera de su horario laboral. En un mundo donde muchas veces uno se siente solo frente a lo que lleva dentro, encontrar una profesional así realmente marca una diferencia.

Leer más
Diego Santana Kortmann Diego Santana Kortmann Hace 2 meses

En el Centro de Terapia del Comportamiento brindamos apoyo y cuidado para tu bienestar emocional.

Con más de 45 años de experiencia y un equipo de más de 250 profesionales, ofrecemos Terapia Online segura y de calidad, conectando psicólogos y psiquiatras con personas en Chile y el mundo.

¿Tienes Dudas?

Completa el siguiente formulario y te ayudaremos con tu consulta sobre el servicio de Terapia Online:

Guía de Bienestar:
Noticias y Consejos para Todas las Edades

| ver todas
Imagen de Noticia Pantallas: Una Amenaza a la Familia y la Crianza
Pantallas: Una Amenaza a la Familia y la Crianza
Publicada el: 06-08-2026

Las pantallas —desde la televisión hasta los celulares y computadores— se han convertido en una parte inevitable de la vida cotidiana, aportando importantes beneficios en educación, salud, trabajo y entretenimiento, nos señala Tomás Dañobeitía, experto en Centro de Terapia del Comportamiento. Sin embargo, su uso excesivo también ha impactado la convivencia familiar, interfiriendo en la comunicación y generando efectos en el desarrollo y el funcionamiento neurobiológico. Para promover un uso saludable en el hogar, UNICEF (2021), en su documento “Pantallas en Casa”, propone las siguientes recomendaciones según etapas cruciales del desarrollo temprano: Primera Infancia (0 a 6 años) Evitar el uso innecesario de pantallas: Privilegiar el juego libre, la interacción con adultos, la exploración y el contacto con la naturaleza. Nunca dejar al niño navegar solo: Cualquier uso de internet debe realizarse con supervisión directa de un adulto. Establecer rutinas claras de uso: Definir horarios y tiempos concretos, utilizando apoyos visuales (como un reloj o temporizador) para anticipar el término del tiempo de pantalla. Mantener límites consistentes: Evitar permitir pantallas solo cuando resulta conveniente para el adulto; la coherencia facilita la aceptación de las normas y disminuye los conflictos. Edad Escolar (6 a 12 años) Enseñar seguridad digital: Explicar qué información personal nunca debe compartirse, cómo proteger la privacidad y reconocer contenidos falsos o personas desconocidas. Favorecer el diálogo antes que el castigo: Si ocurre un problema en internet (grooming, ciberacoso o contenido inapropiado), promover que el niño pida ayuda sin temor a ser reprendido. Regular el tiempo y el contexto de uso: Priorizar el uso de dispositivos en espacios comunes del hogar y equilibrar las actividades online con deporte, lectura, juegos y convivencia familiar. Introducir progresivamente la autonomía: Permitir mayor independencia solo cuando el niño haya desarrollado habilidades de autocuidado y juicio digital. Adolescencia (12 a 18 años) Priorizar la confianza sobre el control: Acompañar como referente, evitando la vigilancia excesiva (por ejemplo, revisar conversaciones o exigir contraseñas), favoreciendo un vínculo de apoyo. Promover pensamiento crítico y equilibrio: Enseñar a verificar la información antes de compartirla, reflexionar sobre la huella digital y mantener un balance entre redes sociales, estudio, descanso, actividad física y relaciones presenciales. La eliminación total de las pantallas no es una alternativa realista ni necesaria. El desafío consiste en promover un uso equilibrado, considerando que el consumo excesivo puede afectar la socialización, el neurodesarrollo y la crianza. Por ello, estas recomendaciones deben adaptarse a las características y necesidades de cada familia, según su contexto social, económico, cultural y sus creencias o cosmovisión. Tomás Dañobeitía Marín Psicólogo Clínico de Adolescentes y Adultos Terapia Online y Sucursal Providencia Centro de Terapia del Comportamiento   ¿Quieres reservar hora con Tomás? ·         Online ·         Presencial

Imagen de Noticia Pantallas: Una Amenaza a la Familia y la Crianza
Pantallas: Una Amenaza a la Familia y la Crianza
Publicada el: 06-08-2026

Las pantallas —desde la televisión hasta los celulares y computadores— se han convertido en una parte inevitable de la vida cotidiana, aportando importantes beneficios en educación, salud, trabajo y entretenimiento, nos señala Tomás Dañobeitía, experto en Centro de Terapia del Comportamiento. Sin embargo, su uso excesivo también ha impactado la convivencia familiar, interfiriendo en la comunicación y generando efectos en el desarrollo y el funcionamiento neurobiológico. Para promover un uso saludable en el hogar, UNICEF (2021), en su documento “Pantallas en Casa”, propone las siguientes recomendaciones según etapas cruciales del desarrollo temprano: Primera Infancia (0 a 6 años) Evitar el uso innecesario de pantallas: Privilegiar el juego libre, la interacción con adultos, la exploración y el contacto con la naturaleza. Nunca dejar al niño navegar solo: Cualquier uso de internet debe realizarse con supervisión directa de un adulto. Establecer rutinas claras de uso: Definir horarios y tiempos concretos, utilizando apoyos visuales (como un reloj o temporizador) para anticipar el término del tiempo de pantalla. Mantener límites consistentes: Evitar permitir pantallas solo cuando resulta conveniente para el adulto; la coherencia facilita la aceptación de las normas y disminuye los conflictos. Edad Escolar (6 a 12 años) Enseñar seguridad digital: Explicar qué información personal nunca debe compartirse, cómo proteger la privacidad y reconocer contenidos falsos o personas desconocidas. Favorecer el diálogo antes que el castigo: Si ocurre un problema en internet (grooming, ciberacoso o contenido inapropiado), promover que el niño pida ayuda sin temor a ser reprendido. Regular el tiempo y el contexto de uso: Priorizar el uso de dispositivos en espacios comunes del hogar y equilibrar las actividades online con deporte, lectura, juegos y convivencia familiar. Introducir progresivamente la autonomía: Permitir mayor independencia solo cuando el niño haya desarrollado habilidades de autocuidado y juicio digital. Adolescencia (12 a 18 años) Priorizar la confianza sobre el control: Acompañar como referente, evitando la vigilancia excesiva (por ejemplo, revisar conversaciones o exigir contraseñas), favoreciendo un vínculo de apoyo. Promover pensamiento crítico y equilibrio: Enseñar a verificar la información antes de compartirla, reflexionar sobre la huella digital y mantener un balance entre redes sociales, estudio, descanso, actividad física y relaciones presenciales. La eliminación total de las pantallas no es una alternativa realista ni necesaria. El desafío consiste en promover un uso equilibrado, considerando que el consumo excesivo puede afectar la socialización, el neurodesarrollo y la crianza. Por ello, estas recomendaciones deben adaptarse a las características y necesidades de cada familia, según su contexto social, económico, cultural y sus creencias o cosmovisión. Tomás Dañobeitía Marín Psicólogo Clínico de Adolescentes y Adultos Terapia Online y Sucursal Providencia Centro de Terapia del Comportamiento   ¿Quieres reservar hora con Tomás? ·         Online ·         Presencial

Imagen de Noticia La Experiencia Vincular en la Relación de Pareja: Estar, no Estar o Estar Demasiado. El Temor a la Pérdida
La Experiencia Vincular en la Relación de Pareja: Estar, no Estar o Estar Demasiado. El Temor a la Pérdida
Publicada el: 13-07-2026

En las Relaciones de Pareja solemos pensar en el sufrimiento principalmente desde la ausencia, nos señala Cristián Luna, Psicólogo Clínico y destacado colaborador de contenidos en Centro de Terapia del Comportamiento. Frases como “ya no está conmigo”, “me hace sentir solo/a”, “siento que ya no le importo”, “está cada vez más distante” o “aunque estamos juntos, siento que no está realmente”, aparecen con frecuencia cuando una relación comienza a deteriorarse. Sin embargo, en la experiencia vincular el malestar no surge únicamente por la falta de presencia, a veces ocurre algo menos evidente: una presencia excesiva, constante o invasiva también puede terminar dañando el vínculo. Toda pareja necesita construir cercanía emocional, intimidad, sensación de seguridad y estar acompañado, pero también requiere espacios individuales y cierta distancia psíquica que permita seguir existiendo como sujeto individual dentro de la relación. Cuando esto no ocurre, la dinámica vincular comienza lentamente a tensionarse. Hay vínculos donde predomina la ausencia emocional. Personas físicamente presentes, pero afectivamente distantes; relaciones donde cuesta compartir emociones, sostener conversaciones profundas o generar sensación de encuentro genuino. En estos casos suele aparecer una experiencia de soledad dentro de la propia relación de pareja. En la psicología clínica, muchas personas describen sentirse “acompañadas, pero solas”, diciendo frases como “ya no hablamos como antes”, “siento que tengo que guardarme las cosas”, “está, pero no conecta conmigo” o “parece que vivimos juntos solamente por costumbre”. Pero también existen relaciones donde el problema no es la distancia, sino la sobrepresencia. Una necesidad constante de confirmación afectiva, dificultad para tolerar silencios, demandas permanentes de atención o la sensación de que el otro debe estar siempre disponible emocionalmente. A veces aparecen frases como “no puedo hacer nada sin él/ella”, “necesito saber siempre cómo está”, “si no responde siento angustia”, “cuando toma distancia siento que algo malo pasa”, “necesito que me demuestre que me quiere”, “me molesta que quiera hacer cosas sin mí” o “cuando no me incluye, siento que ya no me ama igual”. Muchas veces estas dinámicas no aparecen inicialmente como control evidente, sino disfrazadas de preocupación, necesidad afectiva o búsqueda constante de cercanía. Frases cotidianas como “solo quiero estar contigo”, “¿por qué necesitas tanto espacio?”, “antes éramos más unidos”, “prefieres estar con otros antes que conmigo” o “si me amaras, querrías pasar más tiempo conmigo” pueden comenzar lentamente a expresar algo más profundo: el temor a la pérdida del vínculo. Poco a poco, la relación comienza a organizarse alrededor de ese miedo. Cada distancia se vive como amenaza, cada espacio individual puede sentirse como rechazo y cada necesidad de autonomía puede despertar inseguridad o angustia. Incluso situaciones normales —salir con amistades, necesitar tiempo personal, guardar silencio o simplemente querer estar solo un momento— pueden ser interpretadas como señales de alejamiento emocional. En estos vínculos, el amor puede comenzar a confundirse con una necesidad de hiperdisponibilidad emocional, dependencia o necesidad constante de validación. La pareja deja de funcionar como un espacio de encuentro y pasa a transformarse en un lugar donde el miedo a perder al otro organiza gran parte de la relación. Cuando esto ocurre, el vínculo pierde aire. La cercanía deja de sentirse tranquila y comienza a vivirse con tensión. El otro pasa a ocupar progresivamente todos los espacios emocionales y la relación puede transformarse en una experiencia agotadora o asfixiante, incluso cuando existe cariño genuino. La experiencia vincular saludable no implica estar todo el tiempo juntos ni responder permanentemente a las necesidades emocionales del otro, tampoco supone una distancia fría o indiferente. Implica la capacidad de construir una presencia emocional suficientemente segura: poder acompañar sin invadir, tomar distancia sin desaparecer emocionalmente y tolerar que el otro conserve espacios propios sin que eso sea vivido automáticamente como abandono. Toda relación necesita movimiento, necesita momentos de encuentro, pero también espacios de diferenciación. Poder extrañar al otro, conservar intereses individuales, amistades, tiempos personales y cierta autonomía emocional no debilita necesariamente el vínculo; muchas veces lo fortalece. Quizás uno de los desafíos más importantes en un vínculo de pareja no sea simplemente “estar”, sino aprender cómo estar, encontrar una forma de presencia que permita intimidad sin anulación, cercanía sin invasión y distancia sin ruptura emocional.   Cristián Luna Molina Psicólogo Clínico Terapeuta de Parejas   Terapia Online y Sucursal Providencia de Centro de Terapia Puedes reservar hora con Cristián aquí: ·         Terapia Online ·         Centro de Terapia del Comportamiento

Imagen de Noticia Salud Mental Materna: Acompañando el Embarazo y el Postparto
Salud Mental Materna: Acompañando el Embarazo y el Postparto
Publicada el: 03-06-2026

Cuando nace un bebé, también nace una mamá. La mujer que era antes cambia, se transforma. Aparecen emociones intensas y desafíos que no siempre coinciden con el ideal de una maternidad completamente feliz. Frente a la demanda constante de cuidar a otro, muchas mujeres experimentan cansancio, dudas, angustia o culpa, aunque de esto se habla poco. Adaptarse a esta nueva realidad toma tiempo, requiere flexibilidad y también redes de apoyo que puedan sostener este proceso. A partir del embarazo, el nacimiento del bebé y los cambios hormonales asociados, la madre atraviesa un período de especial sensibilidad emocional, descrito como “transparencia psíquica”. Es como si estuviera más abierta y receptiva, con las emociones a flor de piel. Esta sensibilidad favorece la conexión con el bebé, permitiendo percibir con mayor claridad sus necesidades y facilitando el desarrollo del apego. Se trata de un proceso natural y profundamente importante. Al mismo tiempo, se activan mecanismos de alerta que ayudan a la madre a proteger y responder de manera más efectiva a su hijo. Sin embargo, esta mayor sensibilidad también implica una mayor vulnerabilidad frente al estrés y una mayor reactividad al entorno. Por eso, este es un momento que requiere cuidado, acompañamiento y comprensión. En el posparto, muchas mujeres atraviesan el llamado “baby blues” o disforia posparto: un estado transitorio, que suele durar menos de dos semanas, caracterizado por cambios de ánimo, irritabilidad, llanto fácil y agotamiento. Cuando estos síntomas se intensifican, persisten en el tiempo o comienzan a interferir con la vida cotidiana, podría tratarse de una depresión posparto. En estos casos, pueden aparecer sentimientos de desesperanza, culpa o insuficiencia, dificultad para disfrutar, problemas de sueño, cansancio constante o una sensación de estar sobrepasada. A veces también se experimenta desconexión emocional con el bebé. Es importante considerar que un número significativo de mujeres puede presentar síntomas de este tipo incluso durante el embarazo. La salud mental materna está influida por múltiples factores —biológicos, psicológicos, sociales, familiares y de la relación de pareja—, por lo que no depende únicamente de la madre. El entorno, el apoyo disponible y las condiciones de vida cumplen un rol fundamental en el bienestar emocional. Mientras mejor sea la experiencia materna, mejores condiciones habrá también para el desarrollo del bebé. En este contexto, el cuidado y el autocuidado se vuelven fundamentales. No son un lujo ni algo secundario, sino una necesidad para poder sostener el cuidado de otro. Darse permiso para descansar, alimentarse bien, pedir ayuda, compartir lo que se siente y mantener pequeños espacios personales son formas concretas de proteger la salud mental. También es importante revisar las propias expectativas y soltar la idea de ser una madre perfecta, permitiéndose ser una madre real, suficientemente buena. A veces no es fácil darse cuenta de que algo no está bien, especialmente cuando toda la atención está puesta en el bebé. Por eso, además de escucharse a sí misma, puede ser útil considerar la mirada de personas cercanas. Si aparecen sentimientos persistentes de tristeza, angustia, desconexión, irritabilidad o soledad, pedir ayuda a tiempo puede marcar una gran diferencia. La maternidad no se construye de un día para otro. Es un proceso que se va armando con el tiempo, con apoyo y con cuidado. Cuidar de otros también implica aprender a cuidarse. Escucharse sin juzgarse, validar lo que se siente y pedir ayuda cuando es necesario también es parte de maternar. Romina Jullian Horta / Psicóloga Clínica / Sucursal Providencia y Terapia Online / Centro de Terapia del Comportamiento   Puedes reservar hora con Romina aquí    

*Importante: Si te encuentras en una situación de emergencia, crisis o riesgo vital debes acudir al recinto hospitalario más cercano. Terapia Online no atiende este tipo de situaciones.

Reservar Hora Hablemos